Cicloturismo extremo: pedaleando la Cordillera de los Andes

Pedalear la Cordillera de los Andes es un desafío extremo que mezcla altura, frío, soledad y aprendizaje. Relato real de una ruta de 12 días desde Camiña a Colchane a 4.600 metros de altura, con consejos prácticos para el cicloturismo de alta montaña en Chile.

Cuando inicié mi proyecto por todas las comunas de Chile en bicicleta no tenía idea de lo que me estaba metiendo. No tenía más mundo que la parte central del país. Cuesta creerlo, pero era muy ignorante en cuanto al territorio nacional. Empecé a estudiar mapas y a aprender a interpretar zonas y geografía. En eso me di de bruces con las extremas ubicaciones de algunas comunas de mi país.

Ha sido una locura: llegar a la Isla de Rapa Nui, el Archipiélago Juan Fernández, la Provincia Antártica Isla Navarino, cruzar el desierto más árido del mundo… Grandes desafíos que he tenido que enfrentar. Pero entre ellos hay uno que tiene una mezcla de todo lo que podría llamarse duro en un viaje en bicicleta, y es precisamente pedalear la Cordillera de los Andes.

Nuestra Cordillera no pide permiso: te invita y, si aceptas, te cambia. En mi recorrido a lo largo de Chile he pedaleado comunas cordilleranas como Colchane, Ollague, Torres del Paine, Chile Chico, Lago Verde, Palena, Alto Biobío, San José de Maipo, entre otras. Todas con paisajes increíbles, pero representando un cicloturismo extremo.

Torres del Paine en bicicleta: donde la ruta termina y el silencio empieza.

El llamado a la altura

El cicloturismo de alta montaña no es solo deporte: es negociación constante con tu cuerpo. Una de mis rutas más desafiantes fue cuando crucé la A-45, camino que conecta la comuna de Camiña con Colchane en la Región de Tarapacá. Una completa locura y una de las rutas más desoladas de Chile, siendo parte además de la zona roja del Norte Grande (ingreso irregular de inmigrantes, contrabando, narcotráfico). Su punto más alto: 4.600 metros de altura, bordeando la frontera con Bolivia.

Para afrontar la ruta hacia Colchane desarrollé una preparación que fui aprendiendo con el tiempo. Para sobrevivir en este tipo de expediciones se necesita mucha experiencia, pero sobre todo organización. A continuación te comparto todo mi aprendizaje para ayudarte en tus futuros viajes.

La cordillera no se conquista. Se negocia.

Lo que aprendí pedaleando a 4.600 metros

Aclimata o paga

No subas de 0 a 4.000 metros en un día si vienes del nivel del mar. Pedaleo lento, descansa un día, sigue pedaleando. A esa altura el oxígeno baja un 40%; tu cuerpo necesita asimilar los cambios, así que debes avanzar con calma.

Vístete como cebolla andina

El sistema de capas es imprescindible. En el día puedes encontrarte con 25 o 30 grados; por la noche se alcanzan temperaturas bajo cero peligrosas. En Colchane viví los -17 grados. Además, el clima cambia muy rápido y es difícil anticiparlo. Hay que tener la ropa de abrigo siempre a mano.

Recuerdo que en una noche se congeló todo: las botellas, los pañuelos húmedos, las latas de atún, el aceite. Todo.

A -17°C, el saco de dormir deja de ser un lujo para convertirse en tu hogar.

Lleva toda el agua que aguanten tus piernas

Este tema es difícil porque los cicloviajeros ya llevamos mucho peso de equipaje, pero en las expediciones de alta montaña todo litro cuenta. Lo más indispensable es llevar sales hidratantes y filtros para potabilizar el agua.

En el altiplano, cada litro de agua es una decisión estratégica.
Un buen filtro de agua puede ser la diferencia entre seguir o detenerse.

Protección solar nivel astronauta

A pesar de sentir un viento fresco de montaña, desde los 3.000 metros de altura la radiación UV es brutal. Es necesario llevar protector SPF 50+, lentes con filtro UV, guantes largos, pierneras y mangas para cubrir piernas y brazos. Bandanas para proteger la cara y facilitar la respiración.

Kit de mantención para la compañera

En la alta montaña una avería en la bicicleta significa el fin de la expedición. Arriba no hay taller, ni repuestos, ni nada que pueda resolver una falla mecánica. Es importante llevar cámara de repuesto, parches, bombín, multiherramientas adecuadas para tu bicicleta, y sobre todo neumáticos acordes al tipo de suelo que enfrentarás.

En mi caso, priorizo el peso en agua. Por eso, en vez de llevar neumáticos de repuesto, llevo hilo de pescar para coser el forro si se raja.

El campsite es tu base de operaciones. Cada cosa en su lugar, cada gramo justificado.

Botiquín

Esencial para cualquier accidente en ruta. Todo lo que puedas llevar para cubrir heridas: vendas, desinfectantes, pastillas para infecciones, enfermedades estomacales, urinarias, entre otros.

Respeta la montaña

  • No dejes basura.
  • No invadas el espacio de los animales.
  • No atajos fuera del camino.
  • Avisa en aduana o carabineros antes de ingresar a zonas remotas.

Pedalear la montaña es volver con menos ego y más piernas

Llegué a Colchane con las piernas temblando, la cara quemada y una tremenda sonrisa. No era la sonrisa de quien ganó: era la de quien sobrevivió a su propia expectativa. En la cordillera no conquistas nada porque la puna no te deja. Venía de 12 días subiendo desde Camiña, pasando por el altiplano, y cuando vi el letrero de la cumbre a 4.600 metros, entendí que no había llegado a un pueblo: había llegado a la medida exacta de mi potencial.

Chile tiene todos los escenarios naturales que se puedan imaginar, pero la alta cordillera es otra liga. El sur te enseña la lluvia, el centro te enseña a convivir, el norte te enseña la soledad, pero la cordillera es aprendizaje completo.

«Volverás distinto: con las piernas más fuertes y el ego más liviano.» Foto: © Extractos del Fin del Mundo

Sube despacio, mira mucho, baja con cuidado. Yo agregaría: saluda a todos. En la cordillera el que viene de frente puede ser el que te salve o te dice dónde hay agua. La montaña va a seguir ahí. La pregunta no es si podrás con ella. La pregunta es si te vas a atrever a pedalear sabiendo que volverás distinto: con las piernas más fuertes, sí, pero sobre todo con el ego más liviano, cabiendo justo en la alforja.

Y cuando vuelvas a casa y alguien te pregunte qué ganaste, tú le vas a decir la verdad: nada. Y todo.

La ruta no termina donde termina el camino.

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