Muchas personas creen que vivir nómada en bicicleta es turismo largo, pero en realidad es mudar tu vida entera a 15 kilómetros por hora.
Nada más disruptivo para la sociedad decir que mi casa tiene dos ruedas. La idea es intimidante porque sobresale de todo lo que creíamos que era correcto. Mi nombre es Isabel Lorca Benavides y llevo 7 años viviendo así: sin arriendo, con cuatro alforjas, cumpliendo el sueño de la carpa propia y con muy pocas cosas pero las suficientes.
En este momento me encuentro recorriendo el norte de Chile, cruzando literalmente el desierto más árido del mundo y los desafíos han sido intensos. Si estás pensando en cicloturismo nómada, no te voy a vender la postal. Te contaré sus dificultades, lo que entrega y lo que aprendí cuando ya no había vuelta fácil.




Lo difícil, sin filtro
La que manda es la Naturaleza. La primera semana subiendo a la cordillera de la Región de Atacama (Chile) entendí que no hay motivación ni piernas que le gane a la puna y al frío. Por más experiencias que tengas, es la madre naturaleza quien marca las pautas. Recuerdo que vomité en una quebrada, dormí muy poco por la amnea del sueño y el frío. No es heroico, es lo que es.
Es un absoluto desafío buscar dónde dormir sin que te echen, porque queramos o no, somos incomprendidos. Es difícil cargar los aparatos, dónde lavar ropa sin que se la lleve el viento. Son mucho más difíciles los días en que nosotras menstruamos. Es un trabajo invisible que nadie ve en la foto del atardecer.
En este estilo de vida el dinero cambia de objetivo: no pago arriendo, pero gasto en lo que antes ignoraba: en un buen neumático en Antofagasta, en un rayo roto en Copiapó. Trabajo creando contenido, asesorando, vendiendo postales, hay meses que cierro bien y otros donde elijo entre hostal o transmisión nueva. No lo considero pobreza, de hecho me siento extremadamente afortunada.

La soledad en viaje es intermitente. Un día te invitan una rica once en una casa en Calama y terminas hablando de la vida hasta medianoche. Al otro, pedaleas ocho horas sin cruzar palabra. Aprendí a despedirme rápido. Eso deja una marca y cambia el carácter, incluso en lo primero que me di cuenta era mi poco apego con las personas y las cosas. Eso te lo da el viaje.
Chile no está hecho para esto. Lo digo con cariño y con rabia. Siete de cada diez personas en el norte sienten que andar en bici es peligroso, y se nota. Los camiones pasan cerca, las bermas desaparecen, las ciclovías terminan en la nada. Pedaleo con luz delantera y trasera de día. No por estilo, es autodefensa en ruta.

Lo bueno, que no esperaba
En este estilo de vida no se necesita mucho pero disfruta harto. Con 50 kilos aprendes rápido qué es lujo: una ducha caliente, la fruta, una sombra a las dos de la tarde, agua helada. Mi regla principal es si no cabe o si se rompe, no entra.
Ocurre una conexión muy linda con el entorno. Viajando en bicicleta se huele la sal del mar antes de verlo, los perros de los pueblos te reciben como un comité de bienvenida, las montañas tienen colores distintos a medida que avanza el sol. Todos los atardeceres son distintos, no hay ninguna ola parecida a la otra, las formaciones únicas de las nubes. La naturaleza es todo un espectáculo.
Mi salud ha mejorado considerablemente y es por el deporte diario de moverse en bicicleta. Aquí duermo cansada de verdad, me alimento con comida simple, me enfermo menos.
Me di cuenta también que la bicicleta es prácticamente un permiso social, una carta de presentación potente que invita a las personas acercarse, sobre todo a las curiosas. Te preguntan de dónde vienes y en tres minutos ya te están dando datos de la ruta, un vaso de agua, un patio para la carpa.


Tres cosas que la ruta me enseñó a la fuerza
- Todo se rompe y todo se arregla. La cadena, la planificación, el ánimo. La habilidad no es evitar el problema, es no entrar en pánico cuando llega. Ahora llevo parches, muchos plan B y paciencia. En ese orden.
- El hogar es una rutina, no un código postal. Mi casa es armar la carpa siempre igual, cocinar en mi olla plegable a diario. Cuando lo entendí, dejé de sentir rechazo por la palabra “rutina” y empecé a agradecer vivir una que me hace feliz.
- La lentitud es una herramienta. A 15 km/h ves mucho de un lugar que a 100km/h. Tienes un conocimiento completo del espacio observando, oliendo, escuchando. Se descubren realidades, rincones escondidos, oasis, pueblos que uno piensa que están vacíos pero que a pasitos lentos te das cuenta que la abuela de alguien está haciendo patria al medio de la nada. Puedes ver a ese animalito escurridizo. Esa información no sale en Google Maps, mucho menos la velocidad.
No te voy a decir que dejes todo y emprendas viaje. El cicloturismo nómada no te hace mejor ni distinto, solo es vivir en consecuencia con lo que te llena, te hace feliz, es lo que te hace sentido para una vida plena.Hay días que extraño una mesa propia, una ducha que no sea con botella, ver y abrazar a mi familia en vez de videollamadas. Pero la mayoría del tiempo miro mi bici cargada y pienso que, difícilmente pueda existir otra forma de ser feliz y de vivir mi vida. Y eso, para mí, ya es suficiente para seguir.
Si estás curioso, prueba una semana. Sin plan de regreso. Lleva menos de lo que crees y más agua de la que calculas. Si al tercer día extrañas tu cama más que el atardecer, perfecto. Si no, serás un nuevo valiente en carretera.




Esta entrada tiene 4 comentarios
Srta Isabel, con siete años de haber batido el record recorriendo Chile, le confieso mi tremenda admiracioʻn por lo que hace. No me queda màs que felicitarla y rogar a Dios que le proteja en sus rutas. Y espero algù dia cruzarnos en la ruta, para,estrechar un merecido abrazo por su valentia, coraje y la tremenda motivacioʻn que tiene. Ud es una mujer motivadora e inspirable, por esa tremenda fuerza de lucha,que tiene para conseguir el èxito.
Muchas bendiciones y felicidades hoy y siempre.
Isabel, gracias por compartir tu historia y pasar por nuestra comuna. Personas como tú dejan una huella, porque inspiran no solo por lo que hacen, sino por la forma humana y auténtica con la que enfrentan el camino. Que la ruta te siga regalando buenas personas, paisajes inolvidables y fuerzas para continuar cumpliendo tus sueños.
Un fuerte abrazo desde María Elena la última Salitrera del mundo.
Muchas gracias por transmitir de un modo sincero y no idealizado la forma en la que vives. Eres una inspiración para muchas personas, un ejemplo vivo que sí se puede vivir de otro modo, asumiendo lo que eso implica. Hace dos semanas emprendí mi primer viaje en bicicleta en solitario y ha sido una experiencia de mucho aprendizaje. Espero algún día coincidir contigo en los caminos de la vida, un abrazo enorme.
Pato
Agradezco profundamente este espacio para expresar una de las cosas que mas amo: viajar en bicicleta y todo lo que ha significado. El aprendizaje que da este estilo de vida es de nunca acabar así que me considero una estudiante aun de la vida. A continuar aprendiendo y compartiendo esto tan maravilloso.